Quienes Somos

¿Por qué nuestro centro se llama Espiral Aurea?

HACIA LA ESPIRAL AUREA EN TODOS NOSOTROS…

En el colegio nos enseñaron geometría y pudo resultar entretenida, incluso a quienes no les gustaban las matemáticas. Lo que entonces no era posible saber es que cuando la geometría se relaciona al Gran Espíritu, a la conciencia y a la apertura del corazón, es Geometría Sagrada. A través de los modelos geométricos, esta disciplina se refiere a cómo abrir el corazón al amor, cómo evolucionar la conciencia.

Cuando activamos, concientemente, una serie de espacios electromagnéticos alrededor de nuestro cuerpo, que tienen formas geométricas (Respiración Merkaba), estamos sintonizando nuestras propias frecuencias personales para operar en concordancia con la armonía cósmica. Entonces, se están creando en cada punto del cuerpo que recibe energía, verdaderos mandalas tridimensionales o cuatridimensionales vivientes, cambiantes.

La figura geométrica que más apoya la apertura del corazón, la clave más importante, es la ESPIRAL. La espiral de proporción aurea, es una figura geométrica bien conocida por los arquitectos, matemáticos y por personas dedicadas a las bellas artes. Para dibujarla se necesita un lápiz, un compás, una regla.

Aunque en su confección utilizamos las matemáticas, esta espiral geométrica, tiene propiedades adicionales que el ser humano puede experimentar en un nivel profundo, sin tener una compresión intelectual, ni saber matemáticas.

La Espiral Aurea es una puerta que hila a las dimensiones etéreas y inmateriales. Dios nos dejó una puerta de misterio eterno y de exploración: La ESPIRAL AUREA o la puerta del AMOR.

A LA CUARTA DIMENSION

Los Derviches, bailarines sufi, recorren el mundo mostrando un espectáculo impresionante. Bailan sobre el escenario girando sus cuerpos armónicamente sobre si mismos, al compás de la música, con la mano derecha extendida, el pulgar hacia arriba y el dedo meñique hacia abajo. La mano izquierda abierta hacia abajo, el meñique hacia arriba y el pulgar hacia abajo. De repente, un bailarín desaparece ante la mirada atónita de los espectadores. Luego otro y otro. Reaparece el que primero desapareció y así sucesivamente. Lo que ocurre es que cada bailarín, en la perfección de su movimiento circular, en conexión a las energías superiores, ha abierto su corazón consiguiendo activar alrededor de su cuerpo la Espiral Aurea. En ese momento pasó de la tercera a la cuarta dimensión. Ello explica por qué desaparecen ante los espectadores.

Dan Winter, científico de la Nueva Era, especialista en geometría sagrada, enseña que las Proporciones Aureas hacen espirales infinitesimalmente más pequeñas y rompen el plano de la Tercera Dimensión. La Espiral Aurea entra, entonces, a una dimensión de frecuencias que están a la velocidad de la Luz e incluso más allá.

La Espiral Aurea no tiene principio ni fin, por eso la naturaleza no ha podido repetir, en sus incontables geometrías, esta proporción. La perfección que muestra la espiral del caparazón del caracol o las increíbles espirales de las semillas del girasol, puede confundir y creer que estamos ante la Espiral Aurea. Pero no es así. La naturaleza sólo puede copiar a la espiral Fibonacci que, aunque muy parecida a la Aurea, se caracteriza por tener principio y final. Es por esta razón que la naturaleza la reproduce.

Esta característica de la Espiral Fibonacci, que está siempre intentando aproximarse a la Espiral Aurea con mayor exactitud, puede utilizarse como una metáfora para nuestra condición humana, que busca mayor discernimiento hacia la naturaleza de la espiritualidad.

Desde el nacimiento hasta la juventud nos movemos con un patrón aparentemente errático, identificándonos sólo como seres físicos, finitos y mortales. Al ganar experiencia y sabiduría descubrimos el espíritu y nos surge la necesidad de rehacer el camino de regreso a casa.

Nuestra atracción para movernos más cerca de Dios, es como la atracción de la Fibonacci por aproximarse a la Espiral Aurea.

EL EQUIPO DEL CENTRO “ESPIRAL AUREA”