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Bonifacio significa “el que hace el bien”. O sea, un bienhechor. San Bonifacio, aunque está considerado el Apóstol de Alemania, nació en Inglaterra en el año 680 de nuestra era. Su nombre original fue Winfrido. Tenía siete años cuando unos monjes de visita en su casa, se refirieron a la vida del monasterio. Y desde entonces no cejó en pedirles a sus padres que le permitieran estudiar en ese lugar. Accedieron a que fuese a vivir y estudiar al Monasterio de Exeter. Fue allí discípulo predilecto del sabio Abad Winberto. Como tenía una gran habilidad para enseñar y explicar con sencillez, se le nombró director de escuela.

Al cumplir 30 años, lo ordenan sacerdote y se dedicó con entusiasmo a la prédica. Sin embargo se sentía llamado a ser misionero. En el año 715 parte a Alemania, país en guerra civil y en lucha con otros países. No le fue posible cumplir son su propósito asi que regresó a Inglaterra. Pero años más tarde, luego de ser Abad del monasterio, y más tarde en el año 722 consagrado como obispo, es autorizado por el Papa Gregorio II para dirigirse con plenos poderes a toda Alemania. Al pasar por Francia, el gobernante Carlos Martel le entregó un sobre sellado en el que también le concedía plenos poderes de tránsito y autorización para predicar en todos sus dominios. Con la autoridad de la Iglesia y del gobierno  se puso en camino a su misión tan esperada.

LA CREENCIA DE QUE UN ÁRBOL TENIA PODERES DIVINOS.

A esas alturas había ya cambiado el nombre de Winfrido por el de Bonifacio. Una de sus primeras tareas fue dar una lucha contra las supersticiones. Una, muy enraizada en los lugareños era venerar a un árbol muy inmenso, al que atribuían poderes divinos, ya que según ellos, en sus ramas vivían los dioses.

Bonifacio para asegurar la falsedad de esa creencia, anunció que el mismo derribaría al árbol. La gente estaba aterrada pensando que en cuanto ese corte comenzara, caerían rayos y truenos sobre la población. Bonifacio con otros creyentes avanzaron con sus hachas y cortaron el árbol, sin que nada anormal se produjese. Ni rayos, ni centellas, ni fuego caído del cielo. Poco a poco fue derribando supercherías y falsas creencias. Terminaba la evangelización de un lugar y se comenzaba en otro. Fue tanto el éxito de la misión, que debió pedir ayuda a sus antiguos colegas ingleses. Llegaron en grupos, entusiastas monjes, que pronto culminaron la tarea de evangelización por toda Alemania.

Al morir el papa San Gregorio II, en el año 731, es sucedido por el Papa Gregorio III, quien nombró Arzobispo a Bonifacio y le dio amplios poderes para fundar obispados en toda Alemania. Similares poderes en lo terrenal le fueron conferidos por Pipino, el nuevo gobernante de Francia, lo que le permitió reformar la iglesia ya bastante relajada en ese país, lo que terminó con una época de abusos y malos comportamientos. En el año 747, el Papa San Zacarías le dio el título de Primado de Alemania y de Delegado Apostólico para Francia. En una carta a sus amigos, los monjes de Inglaterra, les dice:” Si el Sumo Pontífice no me hubiera dado plenos poderes, y si el gobernante no me hubiera dado todo su apoyo, no habría podido corregir los abusos que existían, ni llevar a tantos a cumplir exactamente las leyes de la Iglesia”.

Sintiéndose anciano y cansado, pidió al papa que nombrara a su sucesor, para dedicarse solamente a predicar en lugares apartados.

Cuando ya había asumido tal tarea con éxito, en el Día de Pentecostés del año 754 y mientras se aprestaba a dar el sacramento de la Confirmación a un numerosos grupo de fieles, fue atacado por un exaltado grupo de personas fuertemente armadas. Sus seguidores quisieron protegerle, pero el sólo atinó a exclamar: “Ánimo que al alma no la pueden matar”.

Bonifacio y cincuenta de sus compañeros fueron asesinados, coronando con el martirio una vida totalmente dedicada al servicio. Era el Día de la Fiesta del Espíritu Santo. Alemania lo ha proclamado siempre como su Santo Patrono.

Author: espiralaurea

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